Repasamos “Singing In My Soul”, una de las canciones icónicas de Hamish Guerrini, escrita durante sus viajes por Nueva Zelanda y grabada en una mansión semiderruida de Herefordshire.
Ficha editorial
- Artista
- Hamish Guerrini
- País
- Reino Unido
- Género
- Folk
- Álbum
- Picture In My Bag
- Nuevo álbum
- Significant Others
- Sello
- Big Tash Records
“Singing In My Soul” fue originalmente incluida en Picture In My Bag, su álbum debut de 1999, producido por Les Penning, conocido por su trabajo junto a Mike Oldfield. Después de recorrer el mundo haciendo autostop con una guitarra, terminó escribiéndola y tocándola en Nueva Zelanda, donde llegó a convertirse en un éxito dentro de las listas folk. También, fue utilizada en un importante programa de televisión.
Su publicación coincide con el regreso discográfico de un artista que pasó 27 años escuchando la misma pregunta de parte de su público: cuándo iba a volver a editar un álbum. La respuesta finalmente llegó con Significant Others, estrenado hace muy poco.
Una canción de viaje
La historia de “Singing In My Soul” comienza lejos de cualquier idea convencional de estudio de grabación.
Hamish nació en 1972 y, durante sus primeros años como músico, pasó buena parte de su juventud viajando con una guitarra en la mano. Este hecho es fundamental para su manera de entender la música, ya que fue acumulando influencias y vivencias en movimiento.
Él mismo reconoce a Bob Dylan como una de sus grandes referencias y reivindica toda una tradición de compositores de finales de los años 60 y los 70: David Bowie, Leonard Cohen, Joni Mitchell, Neil Young, James Taylor, Cat Stevens y Al Stewart, entre muchos otros. También, están Queen, ABBA y Frank Zappa, mientras que entre sus influencias posteriores menciona a John Grant, Radiohead y Rufus Wainwright.
Para Hamish, una buena canción necesita dos elementos que no siempre aparecen juntos: una escritura sólida y una melodía memorable. “Singing In My Soul” está escrita sobre ese principio. La canción habla de una relación que puede sacar al poeta de un estado de tristeza, devolverle energía y llevarlo nuevamente hacia un lugar de felicidad, alguien que “canta” dentro del alma. Puede interpretarse como una canción de amor, o como una forma de hablar de la música misma: lo que da una luz de esperanza, movimiento y deseo.
El extraño estudio de Hatfield Court
Parte de la personalidad de “Singing In My Soul” no está solamente en la composición, sino también está en el lugar donde fue grabada. Picture In My Bag fue grabado en Hatfield Court, una antigua mansión de Herefordshire, muy lejos de la idea de un estudio profesional convencional. Hamish describe el lugar como una construcción enorme y parcialmente arruinada perteneciente a su amigo Jeremy Sandford, escritor relacionado con la contracultura británica y, además, músico de acordeón.
El grupo se instaló en una antigua sala de estar revestida con paneles de roble, con una vieja cocina Aga a leña situada en el centro del espacio. Allí, se reunieron músicos locales y comenzó una grabación que se caracterizó por la improvisación.
La descripción del propio Hamish tiene algo de novela musical: un productor llegando con cerveza fría, cigarro y una gigantesca consola de mezcla; guitarra y voz registradas prácticamente de inmediato; músicos agregando sus partes a partir de anotaciones realizadas a las apuradas sobre papeles sueltos.
Una reseña reciente de MusoCASA hace hincapié en ese aspecto: la canción transmite esa fuerte experiencia vivida en el lugar, mientras que su carácter poco pulido está ligado directamente a las circunstancias en que fue grabada.
Sobre la instrumentación
La estructura musical tiene una lógica de folk-rock, con una guitarra acústica y la voz ocupando el centro del arreglo. Entre las contribuciones más importantes aparece Feliks Tobis, quien incorporó bajo, violín y saxofón.
Hamish ha explicado que Les Penning prácticamente apretó el botón de grabar y dejó que la interpretación sucediera. Guitarra y voz fueron grabadas de manera directa, y las capas adicionales fueron llegando después. El resultado, por eso, tiene una energía de conjunto que difícilmente podría reproducirse a partir de una producción completamente programada.
La atmósfera de Hatfield Court termina formando parte de la grabación de una manera casi inseparable. En otras canciones del álbum aparecen incluso otros sonidos y músicos relacionados con el lugar. Un coro de niños de Tipi Valley participa en “Let's Chop Down The Trees”, mientras que el propio Hamish recuerda cómo durante las sesiones se realizaban actividades y celebraciones en el interior de la mansión, según recogió Music On The Rox.
Nueva Zelanda y una segunda vida
La relación de Hamish con Nueva Zelanda fue importante. Según cuenta el propio músico, allí escribió e interpretó la canción mientras viajaba, antes de regresar al Reino Unido y llevar esas experiencias a una grabación formal.
El tema terminó ingresando en las listas folk neozelandesas y también consiguió una sincronización televisiva. Hamish recuerda incluso que el éxito generó ingresos importantes, aunque él mismo reconoce con humor que no llegó a cobrar su parte porque había tardado demasiado en resolver los trámites correspondientes con PRS.
Pero existe, además, una huella documental interesante. Age Pryor conserva una versión de “Singing In My Soul” grabada en 1998 y publicada posteriormente en Homerecordings, donde los créditos atribuyen palabras y música a Hamish Guerrini y Age Pryor. La ficha también señala que la canción fue escrita junto a Hamish en Marahau Valley, mientras ambos tocaban guitarras en una veranda durante un día de lluvia.
La historia no termina allí. “Singing In My Soul” también fue grabada posteriormente por el grupo neozelandés Fly My Pretties, que la incluyó en The Studio Recordings Part One como composición de Age Pryor y Hamish Guerrini. En esa versión, Pryor aparece en voz y guitarra acústica, acompañado por otros músicos del grupo.
De la escena under al Rabbit Hole
La carrera de Hamish no se explica únicamente desde sus discos. Durante décadas, estuvo profundamente relacionado con la escena cultural alternativa del Reino Unido y fue una figura central detrás del Rabbit Hole de Glastonbury, uno de los espacios más particulares surgidos dentro del festival.
El propio Glastonbury lo presentó en 2011 como organizador del Rabbit Hole, describiendo el espacio como una experiencia psicodélica llena de música en vivo, artistas emergentes, DJs y una estética inspirada en Alicia en el país de las maravillas.
Las programaciones históricas del festival también muestran a Hamish relacionado directamente con las presentaciones dentro del espacio, mientras el Rabbit Hole se convertía en una plataforma para artistas nuevos y propuestas alejadas del circuito más convencional.
El lugar debutó en The Park en 2007 y tuvo su último año en Glastonbury en 2023, según Glastopedia. Durante ese tiempo, fue parte importante de la identidad alternativa del festival.
Esto nos ayuda a entender otro aspecto de Hamish: su relación con la música nunca estuvo separada de la comunidad.
27 años después, la historia continúa
Mientras “Singing In My Soul” es una canción de 1999, el verdadero presente de Hamish está en Significant Others, su nuevo álbum. El disco consigue su meta después de un proceso extraordinariamente largo. El propio artista cuenta que durante años el material quedó perdido entre recortes, papeles y diferentes períodos de su vida hasta que finalmente comenzó a tomar forma nuevamente. El productor Chris Oldfield terminó siendo una pieza fundamental para rescatar y reconstruir aquellas composiciones.
El valor de “Singing In My Soul” es atemporal, conserva las huellas de aquello que fue. La guitarra, la voz, la melodía, la letra, el carácter espontáneo de la grabación sobreviven porque no dependen de una moda. En ese sentido, también resume bastante bien la trayectoria de Hamish: un músico formado entre el folk, el rock y la contracultura, alguien que pasó por escenarios, festivales y viajes, pero que nunca dejó de regresar a la canción.
Y en una carrera esculpida por los viajes y la comunidad, pocas frases podrían representar mejor ese camino que aquella que sostiene la canción: “seguir cantando”.
Seguir cantando
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