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Vinyl Floor: incertidumbre y belleza en "Balancing Act"

Vinyl Floor, dúo danés formado por los hermanos Pedersen, presenta su álbum Balancing Act

En Balancing Act, su sexto álbum de estudio, el dúo danés Vinyl Floor —formado por los hermanos Daniel y Thomas Charlie Pedersen— despliega trece canciones de rock-pop melódico con arreglos sinfónicos y progresivos, atravesadas por las contradicciones y los desequilibrios de la vida.

Ficha editorial

Artista
Vinyl Floor
Álbum
Balancing Act
Lanzamiento
27 feb 2026
Origen
Copenhague, Dinamarca
Sello
Karmanian Records
Producción
Daniel Pedersen

Dos hermanos y una búsqueda que continúa

El dúo danés formado por los hermanos Daniel y Thomas Charlie Pedersen estrenó su sexto álbum de estudio, una obra de trece canciones que tiene rock-pop melódico, con arreglos sinfónicos y progresivos. Publicado en febrero de este año a través de Karmanian Records, Balancing Act trata sobre las contradicciones de la vida, en medio de un mundo caótico.

Vinyl Floor fue fundado en 2007 por los hermanos Daniel Pedersen y Thomas Charlie Pedersen, y tiene sus raíces musicales en el rock y el pop británicos de las décadas de 1960 y 1970. Balancing Act es un álbum de rock-pop, en el que las melodías pop están intrincadas con estructuras elaboradas, armonías vocales, pasajes instrumentales, elementos de la música clásica y del rock progresivo.

Daniel y Thomas son compositores, intérpretes y multiinstrumentistas. Ambos intercambian funciones y esa flexibilidad les permite abordar las canciones desde distintos puntos de vista.

La banda publica sus trabajos a través de su propio sello, Karmanian Records, con distribución de The Orchard y Gateway Music. Antes de este nuevo trabajo, publicaron cinco álbumes: Do You Still Dream (2009), Peninsula (2012), Vaudeville (2014), Apogee (2018) y Funhouse Mirror (2022). Lograron llevar su música fuera de Dinamarca, obteniendo difusión en emisoras nacionales e internacionales, además de tener más de 200 presentaciones en vivo y giras por Japón, Alemania y el Reino Unido.

Escuchá el álbum

Una carrera que lleva casi dos décadas

La historia de Vinyl Floor empieza antes de su fundación oficial. Daniel y Thomas comenzaron a tocar juntos durante su infancia, en un hogar donde la música estaba siempre presente. Su padre era guitarrista, tenía instrumentos y equipos en la sala de la casa, donde también se juntaba con amigos para tocar. Los hermanos crecieron escuchando discos de artistas como Bob Dylan y Dire Straits, además de explorar por su cuenta diferentes instrumentos.

En una entrevista concedida a It's Psychedelic Baby Magazine en 2022, Thomas recordó que grababan canciones improvisadas en cintas durante su infancia. Más adelante, ambos participaron en una agrupación llamada Guernica, antes de adoptar el nombre Vinyl Floor en 2007.

El interés por el rock británico se consolidó con el tiempo. Entre sus principales referencias están The Beatles, The Kinks, Genesis, Pink Floyd, The Who y Procol Harum. También reconocen la influencia de artistas estadounidenses como Tom Waits, Neil Young, Leonard Cohen y David Bowie.

Thomas contó que generalmente comienza a trabajar a partir de una idea lírica, una progresión de acordes o una melodía. No suele sentarse a escribir pensando en un artista determinado. Daniel tiene un procedimiento similar y ambos acostumbran a presentarse sus canciones cuando ya tienen una estructura bastante definida. La colaboración se da principalmente durante la etapa de elaboración de los arreglos, la preparación de las maquetas y la producción.

La formación actual como dúo también es una evolución respecto de los primeros años de la banda. Durante una etapa anterior, el guitarrista Rasmus Bruun formó parte de la agrupación, pero dejó el proyecto después de la finalización de Funhouse Mirror. Desde entonces, Daniel y Thomas continuaron trabajando, convocando colaboradores para las grabaciones y presentaciones en vivo.

A lo largo de su historia, Vinyl Floor superó las 200 presentaciones y realizó giras por Japón, Alemania y el Reino Unido. Thomas dijo que la recepción de su música en el exterior fue, en algunos casos, más entusiasta que la obtenida en Dinamarca, particularmente después de la publicación de Peninsula, un trabajo más experimental que no encontró mucho espacio en los medios de su país.

Thomas reconoció en su entrevista con Sonic Pulse Reviews que, cuando comenzaron, tenían expectativas de alcanzar una gran popularidad, pero que con los años modificaron esa perspectiva. Hoy valoran la posibilidad de continuar haciendo música, crecer como compositores y mantener una relación significativa con sus seguidores.

Thomas Charlie Pedersen y Daniel Pedersen, dúo detrás de Vinyl Floor
Daniel y Thomas Charlie Pedersen, los hermanos detrás de Vinyl Floor

Sobre la producción

El proceso de grabación comenzó durante el otoño de 2024 en Studio Möllan, ubicado en Malmö, Suecia. Allí grabaron las bases instrumentales con Emil Isaksson, ingeniero y productor con quien los hermanos mantienen una relación de trabajo que se remonta a lanzamientos anteriores. Posteriormente, entre finales de 2024 y julio de 2025, continuaron trabajando en su propio estudio de Copenhague, donde realizaron las sobregrabaciones y las tomas vocales.

En la entrevista de Sonic Pulse Reviews, Thomas dijo que tratan de que las interpretaciones conserven su espontaneidad original. Los hermanos prefieren grabar las bases en condiciones de trabajo que favorezcan la ejecución directa y sin excesivos cuestionamientos. Después, cuando regresan a su propio estudio, pueden ocuparse de los detalles con mayor libertad, sin las limitaciones de tiempo de una sesión de grabación de estudio.

La producción del álbum estuvo a cargo de Daniel Pedersen, mientras que la grabación fue realizada por Emil Isaksson y Daniel Pedersen. La mezcla y masterización quedaron en manos de Søren Vestergaard, en The Shelter.

Los dos hermanos asumieron la mayor parte de las interpretaciones. Thomas se encargó de voces, bajo, piano, guitarras y órgano, mientras que Daniel interpretó batería, voces, guitarras, efectos, percusión, piano, órgano y bajo en la primera canción.

El dúo también convocó a varios colaboradores. Uno de los nombres más destacados es el del multiinstrumentista sueco Bebe Risenfors, quien participó con instrumentos de viento y contrabajo. Tiene colaboraciones con Tom Waits, en los álbumes Alice, Blood Money y Orphans, además de trabajos junto a Elvis Costello.

También participa Christian Ellegaard, músico clásico integrante de la Orquesta Sinfónica Nacional de Dinamarca, responsable de las partes de cuerdas en cinco composiciones.

Thomas dijo que Ellegaard piensa las composiciones desde una formación clásica, con especial atención a las tonalidades, los compases, el tempo y la precisión de las partes escritas. Risenfors, en cambio, tiene un estilo más cercano al jazz, con mayor espacio para la improvisación. Los hermanos incluso escribieron las partes de vientos y cuerdas pensando en estos músicos antes de tener confirmada su participación.

A ellos se les sumaron el guitarrista danés Daniel Hecht, que participó en “I'm on the Upside” y “Jacaranda Blossoms”; Jakob Koldenborg Guldbrandt, en bajo para la segunda canción; y Sara Majken Andreasen, quien brindó sus voces adicionales en cuatro temas.

El arte de tapa utiliza una pintura de la artista sueca Kristina Jellstam, cuya obra inspiró la dirección visual del lanzamiento. El diseño y la identidad gráfica estuvieron a cargo de Kristian Kokholm, de Designator.

Portada del álbum Balancing Act, de Vinyl Floor, con arte de Kristina Jellstam
Portada de Balancing Act, con una pintura de Kristina Jellstam

El equilibrio, una disputa por el control

En la entrevista con Sonic Pulse Reviews, Thomas Charlie Pedersen contó que las canciones fueron desarrollándose de manera independiente y que recién cuando escribieron la canción que terminaría dando título al álbum, los hermanos identificaron relaciones entre sus letras. Fue Daniel quien sugirió utilizar ese nombre para el disco. Al revisar el material, encontraron que muchas canciones hablaban sobre distintas formas de equilibrio, o más precisamente, de desequilibrio.

La idea del equilibrio está tematizada en Balancing Act; es decir, las fuerzas que determinan la posición de las personas: el poder, las expectativas ajenas, las convenciones sociales, los recuerdos, las relaciones entre las personas, el arte y las estructuras internas del sujeto. (Nota del editor: debido a lo extenso del álbum y a su complejidad, tomamos algunas de las canciones para desarrollar esta línea temática.)

En la primera canción, “All This and More”, hay un grupo que no sabemos exactamente quiénes son —podría ser un grupo religioso o político—, pero quieren intervenir en la vida de los demás, controlar sus pensamientos, vigilar sus espacios privados y modificar su comportamiento. Lo más perturbador es que justifican sus acciones apelando a una voluntad superior, como parte de una misión legítima.

La referencia a los hijos y a la fabricación de una mentalidad sometida a determinados intereses lleva esa idea todavía más lejos: no alcanza con controlar las acciones de una sociedad, también es necesario intervenir en la manera en que las nuevas generaciones piensan y comprenden el mundo.

Ayuda y dependencia

En “The Helping Hand”, Thomas habla de la desconfianza en el ámbito profesional. Habla de personas envidiosas, burlas, promesas y mecanismos de seducción. Probablemente, haciendo referencia al funcionamiento del negocio de la industria musical.

Se describe un entorno en el que detrás de la solidaridad hay una operación comercial. Los personajes ofrecen un reconocimiento, varias oportunidades y acuerdos atractivos, aunque sus verdaderas intenciones están dirigidas a conseguir algo a cambio. La confianza pasa a ser una mercancía, junto con las promesas de éxito. Además de denunciar a personas ambiciosas, muestra cómo un sistema se aprovecha de las aspiraciones de otros para establecer relaciones desiguales.

El juicio ajeno y el arte

La preocupación por la autonomía también se problematiza en “Mr. Rubinstein”, que también abarca la creación artística. La composición enfrenta a alguien que defiende su trabajo y a una figura que lo cuestiona —algún crítico de arte, algún fanático, compañero, o el mismo artista que se cuestiona—. Las acusaciones de plagio, las descalificaciones y los comentarios acerca de la falta de valor de la obra llevan la canción a una representación del juicio artístico como una experiencia de poder y sometimiento.

El protagonista reclama que le devuelvan lo que considera propio. Sin embargo, a medida que avanza la composición, su relación con el juicio de Rubinstein cambia. La duda del otro termina convirtiéndose en el nudo de su propia corbata. La comparación es interesante porque ya no se trata solamente de una crítica externa: el cuestionamiento se da también dentro del mismo artista. El problema es que el juicio tiene tanta autoridad que condiciona la posibilidad misma de crear.

Hacia el final, la referencia a escribir material imposible de interpretar y sentirse humillado muestra las consecuencias de esa tensión. El artista termina trabajando bajo la mirada imaginaria de quien lo juzga, anticipando sus objeciones incluso antes de completar una composición.

Fotografía promocional de Vinyl Floor para el álbum Balancing Act
Vinyl Floor, imagen promocional de Balancing Act

El artista frente a sus propias representaciones

La preocupación por el lugar del artista dentro de estructuras que buscan controlarlo se profundiza en “Puppet Laureate”. Thomas imagina una escena casi teatral. El protagonista tiene un amigo imaginario cuyas canciones más tristes están escritas en tonalidades mayores. Esto nos dice que la apariencia de una obra no necesariamente tiene que ver con el estado emocional del artista.

También hay una reflexión sobre la tradición musical. Alguien interpreta cuartetos de Haydn en la calle, una música que antes conseguía conmover al protagonista, pero que en ese momento ya no produce el mismo efecto. La obra no perdió su belleza, sino que cambió quien la escucha. En este sentido, el arte depende también del contexto.

El verso que cuestiona la idea de no ser interesante porque todavía se está vivo es una ironía aguda. El artista muerto se convierte en una figura idealizada, libre de contradicciones y reconocida por una posteridad que ya no puede cuestionarlo. El artista vivo, en cambio, todavía tiene que crear, equivocarse, defender sus decisiones y negociar su lugar.

Pero “Puppet Laureate” también reúne dos conceptos contrapuestos: el artista reconocido oficialmente y la marioneta sometida a la voluntad de otro. Al final, el peligro de convertirse en una figura artística dependiente de las instituciones que la consagran es otra forma de control y sometimiento.

El rock como mercancía

La crítica al sistema de reconocimiento también se ve en “Less Dystopian Book”. Daniel presenta una pequeña historia sobre un músico que ingresa en el mundo de la industria con la promesa de convertirse en una figura exitosa. Una compañía le asegura que el público reaccionará con entusiasmo, pero una vez dentro descubre que su libertad está condicionada por acuerdos y restricciones.

La rebeldía del rock se convierte, de esta forma, en un producto administrado por las estructuras capitalistas. La referencia al acuerdo de confidencialidad es significativa: el artista ya no puede contar libremente su propia historia. La empresa no solamente administra su carrera, también establece qué puede decir y bajo qué condiciones puede hacerlo.

Hay un tono crítico hacia el mundo en la idea de escribir un libro menos distópico. Escribir otra historia es negarse a aceptar que el presente sea la única realidad imaginable. Sin embargo, la propia letra cuestiona esa idea cuando se pregunta si realmente somos lo suficientemente fuertes para conseguirlo.

La belleza —o el arte— frente a la mentira del equilibrio

La importancia de mostrar la verdad —o el arte auténtico— se ve en “Jacaranda Blossoms”, una de las composiciones centrales para ver el contraste entre esperanza y desencanto que atraviesa el álbum.

Aquí, la flor del jacarandá está relacionada con la sabiduría, la felicidad y la idea de una vida distinta. El protagonista imagina un futuro compartido, una casa en el sur de España y una vida al ritmo elegido por sus propios protagonistas.

Sin embargo, esa visión optimista cambia cuando la letra incorpora imágenes de carácter religioso y apocalíptico. Los siete velos, las siete piedras y las siete trompetas nos llevan al simbolismo de la revelación, el ritual y el juicio. La referencia a un antiguo plan y a la hermandad de los hombres introduce la idea de salvación, pero inmediatamente aparecen las calles pavimentadas con sangre y los tratados de paz que nunca llegaron a concretarse.

La flor del jacarandá crece en medio de esos conflictos. Su aparición entre la violencia no tiene que ver con una visión romántica idealizada de la naturaleza, sino con una visión más pesimista. La flor puede brotar también entre una persona y una gran mentira.

La mentira puede ser una promesa política, una teoría religiosa, o incluso una ilusión personal. De ese modo, la canción establece una relación entre la esperanza y el engaño. La belleza del jacarandá no cancela la violencia de las calles donde florece, pero su presencia tiene valor porque ambas cosas pueden coexistir.

Imagen promocional de Vinyl Floor para la canción Jacaranda Blossoms
Vinyl Floor, otra de las imágenes de la campaña de Balancing Act

La vida no siempre es un ejercicio de equilibrio

La composición que cierra el álbum, “Balancing Act”, llega finalmente a esta conclusión. El protagonista habla de expectativas que nunca llegaron a cumplirse y de una búsqueda que ha consumido su atención. La vida, al final, es un ejercicio de equilibrio.

La vida, al final, es un ejercicio de equilibrio

Sobre “Balancing Act”

Pero el tono de la voz poética es de una desconfianza absoluta. No encuentra estabilidad ni siente que sus esfuerzos lo acerquen a algún lugar. La frase sobre sentirse como un idiota muestra algo más profundo que una frustración pasajera; existe un desencanto ante las explicaciones que prometen que todo terminará acomodándose si uno aprende a manejar correctamente sus circunstancias.

Incluso en el cuerpo se ven las consecuencias. No poder sentir las extremidades y encontrarse lejos de casa muestran la desilusión y la alienación, que ya no es solamente intelectual o emocional. El protagonista perdió el lugar desde el que puede reconocerse.

No siempre podemos ver de manera clara lo que es bueno de lo que es malo, especialmente cuando las personas no tienen las mismas condiciones ni las mismas oportunidades.

La referencia final a quienes nacen destinados a la felicidad y quienes parecen condenados a la oscuridad recobra la idea de Auguries of Innocence, de William Blake, y refuerza esta visión del mundo.

No todas las personas tienen las mismas posibilidades de alcanzar lo que la sociedad presenta como una vida equilibrada. Las circunstancias de nacimiento, las condiciones materiales y las estructuras de poder determinan experiencias de vida muy diferentes. La experiencia humana no está distribuida de manera equitativa y las promesas de armonía no siempre contemplan las desigualdades que determinan la vida de las personas. En ese contexto, el final del álbum cuestiona la idea de que cada individuo puede encontrar su propio equilibrio mediante la voluntad y la perseverancia.

Soundloop Opina

Vistas en conjunto, las canciones de Balancing Act describen diferentes formas de inestabilidad sobre la vida. En unas, el control es disputado por organizaciones que intentan dominar a los individuos; en otras, por figuras que ofrecen reconocimiento a cambio de dinero y relaciones de poder. También el propio sujeto está atrapado entre sus recuerdos, sus ilusiones y sus expectativas, que le dificultan encontrar una estabilidad.

A pesar de todo, no todo el álbum tiene una visión pesimista. “I'm on the Upside” es una canción genuinamente optimista, que Thomas llegó a describir como una de las excepciones más positivas del conjunto. Su presencia nos impide interpretar el disco como una sucesión de decepciones. Quizás la pregunta acerca de cuándo llegará el aterrizaje no deba entenderse como una negación de esa felicidad, sino como la creencia de que ningún estado dura para siempre.

La cuestión central de Balancing Act no es, entonces, cómo tener una vida equilibrada. Se trata, en todo caso, de pensar, crear, amar, encontrar la belleza y la posibilidad de hacer arte, a pesar de las fuerzas o estructuras de poder —más allá del sujeto— que intentan mantenernos dentro de un sistema que no podemos cuestionar.

Escuchá a Vinyl Floor

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