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Revisitamos a Chris Oledude: Nuevas reflexiones en torno a “We Will Get Through This”

Por Esteban Mauricio Soria



Volvemos a escuchar We Will Get Through This, una de las canciones del debut discográfico Preacher Man – Vol. 1, de Chris Oledude y que estuvo en nuestro Top 10 del mes pasado.

Esta balada se destaca especialmente por el dueto entre Chris Oledude y la soprano Yanitza Lee. Además de un recurso estilístico, el dueto funciona como una representación simbólica del apoyo mutuo: dos voces que se sostienen solidariamente. Esta dinámica refuerza el mensaje central de la canción, centrado en la amistad, la contención emocional y la responsabilidad que requieren quienes acompañan a personas en situaciones de sufrimiento psicológico, emocional o de adicción.


El trabajo guitarrístico de Tomas Rodriguez aporta también arreglos que le suman expresividad a la canción. La instrumentación, cuidadosamente equilibrada, incorpora sutiles elementos rítmicos y armónicos que remiten tanto al folk como a la tradición del pop clásico, con leves inflexiones latinas que enriquecen la armonía general.

La canción surge a partir de la experiencia directa de Oledude trabajando durante un año en una organización dedicada a la salud mental y al acompañamiento de personas con problemas de adicciones. Esa vivencia se traduce en una letra que evita el optimismo superficial, reconociendo la complejidad del sufrimiento.

Desde el primer verso, Chris Oledude desarrolla el tono humanístico que atraviesa toda la composición. El uso reiterado del “we” frente al “I” es central. La canción no plantea la superación como un acto solitario, sino como un proceso compartido, donde la fragilidad y la incertidumbre (“weakness, fear and loss”, “shades of grey cloud up my brain”) son parte de la experiencia de recuperación.


El estribillo refuerza esta idea de sostén mutuo a través de imágenes simples y directas. “Hold onto me / let me hold on to you” condensa el núcleo del mensaje: el proceso de sanación como un acto recíproco. La figura de la esperanza no aparece como una abstracción, sino encarnada en la presencia del otro, lo que vuelve al mensaje tangible y creíble.

Además, el tema tiene un valor simbólico particular al haber sido interpretado por primera vez en el Philipstown Behavioral Health Hub, en Cold Spring, Nueva York, como una suerte de homenaje a quienes trabajan y transitan esos espacios de cuidado. Este hecho refuerza la idea de la canción como un espacio de contención, más allá del circuito tradicional.