Por Esteban Mauricio Soria
Nacido como Chris Owens en Puerto Rico y criado en Brooklyn,
su trayectoria artística está atravesada por la música, el activismo y la
reflexión espiritual. Hijo de la maestra, Ethel Werfel Owens y del ex
congresista, Major R. Owens, Oledude creció en un hogar donde convivían Bach,
el folk de protesta, el funk y el pop. En los años 80, editó el cassette Anyone’s
Revolution y recibió el aliento nada menos que de Pete Seeger para
continuar escribiendo canciones comprometidas con la paz y la justicia social.
Décadas más tarde, tras la muerte de su esposa, Sandra Dixon,
y en plena pandemia, renació artísticamente como Chris Oledude. Desde entonces,
su obra se sembró sobre raíces “old school” —R&B, gospel, funk, blues— canciones
como George Floyd: Say Their Names, No Crowns For Clowns y
su álbum debut, Preacher Man – VOL. 1.
“If a Woman Had Made the World” es una canción cristiana con
espíritu soul con una interesante ética por detrás y un acto de memoria
dedicado a las mujeres que marcaron su vida. Vayamos a descubrirlo.
Una canción con memoria y
visión
“If a Woman Had Made the World” fue escrita originalmente en
1983 en honor a su madre. Esta nueva versión —publicada en 2026— actualiza la
producción y concreta una idea que Oledude arrastraba desde hace décadas:
convertirla en un dueto con una voz femenina potente. La colaboración con Kiena
Williams aporta esta dimensión artística y espiritual que la canción
necesitaba.
El single tiene una cadencia soul con un aroma clásico, inspirado por referentes como Ella Fitzgerald, Lou Rawls y Al Jarreau.
Un mundo hipotético como
espejo crítico
La letra plantea una hipótesis central: ¿cómo sería el mundo
si hubiera sido creado por una mujer? La respuesta no es ingenua, sino
profundamente teológica y social, que expone los problemas sociales del
presente. En sus versos imagina un planeta sin hambre ni pobreza, sin “pesadillas
nucleares”, donde la empatía, la confianza y el cuidado reemplazan la
competencia y la codicia. El estribillo repite una idea central: “I’d be
unafraid”, que no es solo un deseo, es una crítica al presente.
Desde el inicio, la canción plantea el diagnóstico actual de
las cosas: “Take a look at the world today! / We’ve got to find a better way!”.
El mundo actual está en crisis y necesita una transformación. El primer verso
instala el núcleo del argumento: “Families would live” y “Everyone would freely
give”. La vida y la generosidad aparecen como principios rectores frente a un
orden capitalista que, implícitamente, privilegia la competencia y la
acumulación.
Brothers look around you!
What do you see?
Your efforts at creation: war and misery!
En el puente, la letra interpela a los “hermanos” señalando
guerra y miseria como fruto de una lógica histórica dominada por la violencia,
y convoca a las “hermanas” a romper cadenas y tomar el liderazgo. En ese gesto,
el single trasciende el homenaje personal y se convierte en un manifiesto. La
canción, por lo tanto, no idealiza pasivamente a la mujer; la convoca a ejercer
el poder transformador.
En el
último tramo, la visión se amplía al plano global:
Nations would be sane
Peace and harmony as guides
Sympathy and trust would reign
La frase “There’d be no nuclear nightmares” sitúa la crítica
en la era moderna, subrayando que el miedo no es abstracto sino tecnológico y
militar. El miedo es el efecto psicológico de la violencia estructural; la
ausencia de miedo sería el signo de un orden más justo. De este modo, la
canción lleva a otra reflexión social para una sociedad mejor: vivir sin temor.
En conjunto, bajo la letra hay una teología social implícita. Aunque se enmarca dentro del ámbito cristiano, su mensaje es humanista. La figura femenina simboliza empatía, cuidado y comunidad frente a un modelo histórico asociado con la dominación y competencia. Más que afirmar que las mujeres “harían todo mejor”, la canción cuestiona la narrativa que ha naturalizado un único modo de ejercer el poder.
Fe, justicia y canción
“If a Woman Had Made the World” nos invitación a repensar
las bases morales de nuestra convivencia. Es una reflexión espiritual con
anclaje social, coherente con la trayectoria de Oledude dentro de su activismo
cultural y político. Propone revisar los relatos que hemos naturalizado sobre
el poder, el progreso y la civilización.
El propio artista lo resume con claridad: si queremos salvar
nuestro mundo, debemos cuestionar la idea de que solo los hombres impulsaron
los avances de la humanidad y recuperar formas de vida menos dominadas por la
competencia feroz.
Con artistas como Chris Oledude, no hay duda, otro mundo es
posible.


