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Entre la nostalgia y la aceptación: el realismo íntimo de Stylus, lo nuevo de Dave Lebental

Por Esteban Mauricio Soria


Stylus es el segundo álbum solista del cantautor estadounidense, Dave Lebental, editado hace unos días. Es un disco que nos encuentra con la tradición rockera de The Beatles, Elton John, Supertramp y Elvis Costello & The Attractions, pero sin caer en la nostalgia como un fin en sí mismo.

“Stylus” nos remite tanto a la aguja del tocadiscos como al instrumento de escritura, una doble acepción que sintetiza la filosofía del álbum: canciones con foco en la melodía, la estructura, y luego editadas en LP, toda una experiencia sonora integral.

 

Un viaje lírico: del amor tóxico al autoconocimiento

Conformado por diez canciones, Stylus nos lleva por la decepción de relaciones desgastadas, la autocrítica y la reconstrucción personal. Este eje conceptual se puede ver en varias de las canciones del álbum:



En “Mulberry Drive”, Lebental apela a la memoria de la infancia como refugio frente a la presión adulta: “There’s no easy way out / The walls and ceiling slowly close in on me”. La contraposición entre la despreocupación de los días de bicicleta y juegos hasta que se encendían las luces de la calle y la asfixia del presente constituye el centro temático de la lírica. Hay un dejo de nostalgia con algo de aceptación de que los buenos tiempos no volverán. La repetición de “There’s no easy way out” instala una conciencia de encierro psicológico que atraviesa buena parte del álbum.

“Changing The Way I Feel” se mueve en un registro más introspectivo, en el que la problemática es el bloqueo creativo y la autoexigencia. La línea “I never finish the things that I try” introduce una autocrítica frontal. El sujeto reconoce dispersión, procrastinación y agotamiento. Sin embargo, el núcleo no es derrotista. “It’s not changing the world but it’s changing the way I feel”. En términos poéticos, Lebental desactiva la grandilocuencia y apuesta por una ética de la experiencia subjetiva. La creatividad no salva el mundo, pero salva —o al menos reorganiza— al individuo.

El desencanto social se articula con mayor nitidez en “Race To The Bottom”. Aquí la mirada se desplaza del yo hacia el sistema. “Find that your heroes are not who you thought” condensa la caída de referentes públicos, mientras el estribillo —“It’s a race to the bottom to get to the top”— formula una paradoja moral: el ascenso implica degradación. La letra funciona como comentario sobre corrupción, dopaje, ambición desmedida, pero sin señalar nombres propios. Lo interesante es que el tono no es moralista sino decepcionado; el “You disappoint me so” final suena más a herida que a condena.


En el plano íntimo, “Mindy Please” introduce una poética de culpa doméstica. El protagonista, posiblemente bajo los efectos del alcohol (“When you’ve consumed more than a few”), enfrenta las consecuencias de su irresponsabilidad. La imagen de estar afuera, sin llaves, golpeando la puerta —“My hand’s about to break, I can’t knock anymore”— es transparente pero eficaz: la exclusión física refleja la fractura emocional. No hay victimización; el yo admite: “I’m tryin’ to be the man you deserve, but it’s a struggle to change my ways”. La redención no es inmediata, es proceso. La canción conecta con una tradición que va del rhythm & blues al heartland rock.

Finalmente, “Not Exactly As You Planned” amplía el foco hacia la clase trabajadora, con la historia de John Henry y Elena enfrentando la enfermedad, el desempleo y los sueños postergados. Aquí el conflicto no surge de errores morales sino de contingencias —lesiones, precariedad laboral— que reconfiguran sueños. La frase “You got to keep on going / Keep on changin’, always growing” introduce una dimensión resiliente que conecta con el resto del disco: la aceptación de la fractura entre expectativa y realidad como punto de partida para seguir adelante.

En conjunto, las letras construyen un arco que va de la nostalgia al realismo, del autoengaño a la aceptación. El amor puede volverse tóxico, los héroes pueden caer, la creatividad puede bloquearse y la vida puede desviarse del plan original. Sin embargo, el discurso no se instala en el nihilismo. La insistencia en el cambio —“changing the way I feel”, “keep on going”— revela una poética de madurez: reconocer la imperfección estructural de la experiencia humana y, aun así, insistir en la canción como espacio de sentido.

 

Karma Train y la dimensión en vivo

Lebental no camina esta etapa en solitario, lo acompaña su gran banda, Karma Train —con JT Thomas (guitarra/teclados/voz), Mick Linden (bajo/voz), Dan Boissy (saxo), Gary Ferguson (batería) y el propio Lebental en voz, guitarra y teclados—, un ensamble experimentado en escenarios de la Costa Oeste estadounidense.

Antes de su etapa solista, Lebental había sido parte activa del circuito californiano en los años noventa con proyectos como Sunflower y Placebo Royale, cuyo álbum independiente Crème de Mentia llegó a posicionarse en los charts de CMJ.

 


Tradición sin conservadurismo

En Stylus, Dave Lebental no busca épica generacional ni ironía posmoderna. Lo que propone es algo más clásico y, en cierto modo, más exigente: canciones que narran fallas, decepciones y pequeñas victorias con claridad. Esa transparencia, lejos de ser simple, es el núcleo de su fuerza expresiva.

Para quienes todavía creen en el LP como una experiencia y en la canción como forma de verdad personal, Stylus es una obra firme, sólida y de muy placentera escucha.