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“Coming Undone”: mkDUBBY y la crisis del sujeto en la era de la hipermodernidad

Por Esteban Mauricio Soria


Radicado en Sídney, mkDUBBY es un artista independiente que se mueve entre sintetizadores analógicos, sistemas modulares, cajas de ritmo y grabaciones de campo en una paleta sonora que va del trip-hop y el ambient hasta el dub experimental.

Hace unos días lanzó “Coming Undone”, una canción inmersiva —también acompañada de un videoclip— que propone un ligero giro musical respecto a sus trabajos anteriores de corte más downtempo.

La canción tiene una base rítmica de dub con graves profundos y pulso electrónico, sobre la que transitan capas de sintetizadores analógicos y texturas espaciales. En el centro de la composición aparece una letra en formato de spoken word. Acompañanos a descubrirla.

 


Un retrato de una mente saturada

La pieza audiovisual sigue a un hombre durante un día en el que todo parece salir mal; es ni nada más ni nada menos una metáfora visual del estrés moderno, la experiencia de la desconexión y la sensación de aislamiento que atraviesa la sociedad actual. El videoclip utiliza recursos de imágenes tecnológicas y cotidianas para expresar una sensación de desgaste mental. No se trata de una historia lineal, sino de un flujo de pensamientos fragmentados; transmite la sensación de una mente que se va descomponiendo lentamente bajo el peso de la apatía, la rutina y la desconexión.

In my head, a snapping wire
Blue screen says no desire

 

La imagen del “blue screen” —asociada al fallo de una computadora— sugiere una mente que entra en un error, que pierde su capacidad de funcionar con normalidad, como una interrupción del deseo y de la energía vital.

A lo largo de la canción, se repite un vocabulario relacionado con señales rotas, interferencias y fallas de comunicación. Las líneas “Broken radios, all a silent hum / A fractured signal” refuerzan esta idea de una realidad fragmentada, en la que la conexión con el mundo exterior se vuelve cada vez más débil.




Aislamiento y apatía

I stare at apathy’s lullaby

La apatía no es presentada como algo violento o dramático, sino como un estado sedante que adormece la voluntad. En ese sentido, el protagonista parece quedar atrapado en una especie de somnolencia emocional.

Just an empty feeling
A cold regret
Interest’s fading

Lo que queda, entonces, es un vacío, arrepentimiento y pérdida de interés. Llega un distanciamiento emocional, y finalmente la realidad que comienza a desmoronarse.

 


El día o el sujeto que se desarma

This day’s coming undone
coming undone

El colapso progresivo del mundo cotidiano es un día que se deshace poco a poco, como si cada pequeño fallo mental fuera aflojando las costuras de la realidad.

A coffee stain,
rain falls like a distant train

La frase captura un momento banal —una mancha de café, la lluvia cayendo— pero lo hace desde una percepción distante, casi disociada. La comparación con un tren lejano refuerza esa sensación de la vida observada desde afuera, como si el protagonista estuviera separado de su propia experiencia.

 


Una poética de la fragmentación

A través de una estética experimental y fragmentada, el video traduce en imágenes la crisis del sujeto moderno —coming undone. Es la crisis de la noción del individuo racional —aquél del que hablaba la Ilustración y Descartes, que implica esa ruptura de la identidad inmutable y la pérdida del sentido trascendental.

En términos del filósofo Gilles Lipovetsky, habla de que estamos ante un exceso de modernidad, caracterizada por la aceleración del tiempo, el consumismo frenético, la tecnología omnipresente y el hiperindividualismo. La obsesión con el presente, la fragilidad de las relaciones sociales y la búsqueda de rentabilidad inmediata en todos los ámbitos de la vida habla de un individuo que vive en una "era del vacío" o en la "cultura de la ligereza", buscando satisfacción personal constante en un contexto de cambios muy acelerados.

Entre interferencias, graves profundos y pensamientos fragmentados, Coming Undone es la banda sonora del presente: un mundo lleno de señales, pantallas y ruido constante, donde la conexión con los otros —y con uno mismo— se va desarmando lentamente.