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De la NWOBHM al presente: More lanza su nuevo disco, Destructor, y reabre su historia en el heavy metal

Por Esteban Mauricio Soria


La historia del heavy metal está marcada por regresos, pero pocos tan cargados de significado como el de More. A más de cuatro décadas de su aparición en la escena de la New Wave of British Heavy Metal, la banda londinense finalmente nos trae Destructor, su esperado tercer álbum de estudio. Vayamos a descubrirlo.

 

El último rugido de Chris Tsangarides

Destructor es la última producción de Chris Tsangarides. No fue un productor más. Fue uno de esos nombres que, en el metal y el hard rock clásico, prefirieron capturar una banda a la banda cómo suena, antes que corregirla hasta volverla artificial. En una entrevista explicó que su método se basaba en que, si una banda no podía tocar bien, no iba a sonar bien, y su lógica era registrar la interpretación correcta en vez de arreglarla después.

Su primer gran trabajo fue como ingeniero en Sad Wings of Destiny y que después quedó ligado a discos como Back on the Streets de Gary Moore, Thunder and Lightning de Thin Lizzy, Painkiller de Judas Priest y The Eternal Idol de Black Sabbath. También estuvo al lado de nombres pesados como Thin Lizzy, King Diamond, Bruce Dickinson, Yngwie J. Malmsteen. Exodus, Helloween, Tom Jones, Depeche Mode, entre otros.

No es casualidad que su nombre haya quedado pegado a discos donde las guitarras mandan y el golpe va al frente. En Painkiller su firma se volvió todavía más evidente. MusicBrainz lo acredita como coproductor del disco, y él mismo contó que Judas Priest venía de varios álbumes con baterías programadas; cuando llegó, la banda volvió a tocar en estudio. Además, explicó que tuvo que diseñar un bajo que no se convirtiera en una masa borrosa a esa velocidad.

Uno de los legados de sonido más importantes que se le atribuyen es la invención de una técnica de grabación de guitarra denominada The Vortex a finales de los años 70, que consisten en la colocación de varios micrófonos a distancias separadas para lograr con ello un sonido más natural, algo novedoso en su momento que se ha ido perfeccionando con el paso del tiempo.

Pero volvamos a Destructor. Finalizado poco antes de su fallecimiento en 2017, el álbum permaneció inédito durante años, hasta que el bajista, Baz Nicholls, recuperó las mezclas originales desde el estudio cerrado del productor.

El disco tiene la impronta de Tsangarides: una producción que suena a la altura de su legado como productor.

 


De la NWOBHM al presente

Formados en Londres en 1979, More fue parte de la segunda ola de la NWOBHM, compartiendo escena con Iron Maiden durante la era de Killers. Sus primeros trabajos, Warhead (1981) y Blood & Thunder (1982), capturaron esa energía cruda y esa ambición desbordante de una generación que redefinió el metal.

Sin embargo, la trayectoria de la banda estuvo lejos de ser lineal: cambios de formación, conflictos internos y pérdidas personales marcaron un recorrido difícil y tumultuoso. Aun así, el núcleo ahora liderado por Baz Nicholls mantiene viva la esencia del proyecto, que hoy encuentra en Destructor una síntesis entre pasado y presente.

 


Un álbum atravesado por la experiencia

Con diez canciones, Destructor es un disco que va al frente sin muchas vueltas, es heavy metal clásico con algo de hard rock a medio tiempo, con muchas influencias de Iron Maiden, Judas Priest y algo de Helloween. La apertura, “Hearts on Fire”, establece desde el inicio con lo que nos vamos a encontrar en el disco, que mantiene su esencia entre la agresividad, la melodía, el virtuosismo y la potencia del género. La letra aborda la lucha contra el cáncer desde una perspectiva sensible. No olvidemos que el cantante original, Paul Mario Day, quien también fue el primer cantante de Iron Maiden, falleció de esa misma enfermedad en 2025.


Otros temas que se destacan son “Rocquiem” y “Destructor”. En el primero, la cosa levanta con un buen trabajo de guitarras. Hay un trabajo más interesante en las armonías y un aire más hard rockero que le sienta bien. La pieza central, “Destructor”, es probablemente lo más pesado del álbum. Riffs más densos a lo Black Sabbath con algunos cambios de ritmo y mucha contundencia.

El álbum en general está dentro de esa zona segura entre el hard rock y el heavy metal clásico, donde More se mueve con la soltura de una banda con años de experiencia.


Independencia y proyección

El lanzamiento también marca un hito interesante: la banda ha creado su propio sello, Warhead Music LLP, y gestiona su distribución global a través de acuerdos territoriales y plataformas digitales como The Orchard. Este movimiento refuerza su autonomía en un momento donde también muchas otras bandas optan por modelos de cobertura más independientes.

El impacto inicial ya se puede ver: en su primera semana en radios de Norteamérica, el álbum debutó como uno de los más añadidos en rankings especializados, confirmando que la banda pudo capitalizar su experiencia dentro del género.


Un legado

El nuevo disco honra el legado de la banda y los vuelve a poner en escena. El espíritu de la NWOBHM no pertenece al pasado, sino que sigue viviendo en cada uno de los que mantienen viva la llama del metal. Y More es uno de ellos.