Por Esteban Mauricio Soria
La escena emergente latinoamericana nos sorprende esta
semana con el lanzamiento de Madrugada, EP del artista ecuatoriano,
Péarliz, disponible en todas las plataformas digitales desde el 20 de marzo de
2026. En la Revista Soundloop te invitamos a descubrirlo.
Un descenso a la psique
nocturna
Detrás del proyecto, está Adrián Péarliz, compositor,
productor y multinstrumentista oriundo de Quito. Su propuesta musical tiene rock,
post-punk y pop alternativo.
En 2021, lanzó su primer sencillo oficial, “Reminiscencia”,
seguido por el videoclip de “Viaje”, tema principal del álbum debut Dark Disco
(2022), producido junto a Daniel Noboa. Luego, le siguieron varios
sencillos que fueron adelantos de su último EP de 6 canciones, Madrugada, que
salió este año.
El EP gira en torno a una idea central: el exceso como un mecanismo
de defensa. A través de sus canciones, sigue a un personaje que busca refugio
en la intensidad —la noche, el deseo, la atención— solo para enfrentarse luego
al vacío y al arrepentimiento que esa misma dinámica genera.
En palabras del propio artista, el proceso de grabación fue
tan caótico como el concepto que lo sostiene: sesiones nocturnas, acumulación
de estímulos y una atmósfera cargada que terminó impregnando el sonido final
del disco. Esa decisión estética no es menor: Madrugada no solo habla
del exceso, sino que suena a exceso.
“Madrugada (Sin Existir)”: Una
poética del desgaste y la disociación
Una de las canciones centrales del EP, “Madrugada (Sin
Existir)”, condensa el espíritu de la obra. La letra despliega imágenes
fragmentadas, donde aparece una desconexión progresiva con la realidad: una
noche que invita a olvidar, voces que “se enmascaran de moral” y una sensación
persistente de estar suspendido entre la evasión y el hastío.
Nos muestra una conciencia alterada, atravesada por el
exceso, la evasión y una progresiva desconexión de sí mismo.
Desde el inicio, aparece una normalización inquietante del
vacío: “en el hoy es normal respirar y olvidar”. La respiración —acto vital por
excelencia— queda reducida a una rutina automática, mientras que el olvido se
instala como un mecanismo de supervivencia. Hay una aceptación tácita de ese
estado anestesiado.
Otro eje fuerte de la letra es la relación conflictiva con
el entorno. La frase “todos se enmascaran de moral” introduce una mirada
crítica hacia los discursos normativos, percibidos como impostados o
superficiales. Aquí el poeta no se posiciona por fuera del sistema, sino
atrapada dentro de él.
Existir como carga: la
negación del yo
El verso “se te ve bien sin querer existir” es la negación
del ser como una forma de supervivencia. Esta idea se articula con imágenes de
evasión y despersonalización, donde el sujeto parece observarse desde afuera.
No hay afirmación del yo, sino una tendencia a diluirse, a desaparecer en la
experiencia.
Encierro y ausencia de salida
Hacia el final, la letra se vuelve más insistente y
claustrofóbica. La reiteración de “salir no es opción y quedarse es peor”
instala un loop mental que traduce perfectamente la lógica de la ansiedad o la
culpa: que refuerza. Además, la idea de encierro psicológico, sin una salida
clara.
La letra trabaja sobre la contradicción constante: deseo y
vacío, impulso y arrepentimiento, presencia y desconexión. “Madrugada (Sin
Existir)” es la descripción de un estado donde la identidad se vuelve difusa y
la experiencia se vive al límite.
Evolución sonora y
consolidación artística
Luego de su álbum debut Dark Disco (2022), donde
exploraba una paleta más cercana al synthpop y la psicodelia, Péarliz da un
paso hacia un sonido rockero más crudo y directo. En Madrugada, las
guitarras toman protagonismo, las baterías suenan más poderosas y los arreglos
se subordinan a la carga expesiva de las letras.
El EP fue compuesto y producido por el propio Adrián Péarliz, con grabación a cargo de Fabián Navarrete y mezcla de Marcelo Suárez. Tiene previsto para el 29 de marzo el estreno del videoclip de “Madrugada”.
Una voz singular en el mapa
alternativo
Lejos de buscar respuestas fáciles, el EP se instala en la
incomodidad musical del rock: en ese caso, donde el impulso, la culpa y la
evasión conviven. Pero no es un escape, sino el reflejo de todo lo que dejamos
cuando intentamos escapar.




