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Arn-Identified Flying Objects and Alien Friends estrena “Bells of Silver”: una canción sobre la vida, la infancia y la experienca

Por Esteban Mauricio Soria



Arn-Identified Flying Objects and Alien Friends nos hizo llegar a la revista su último lanzamiento, “Bells of Silver”, una canción que formará parte de su próximo álbum de estudio, The King and the Sparrow, previsto para mayo de 2026.

 

De Redmoon al vuelo solista

Antes de dar forma a esta identidad artística, el músico detrás del proyecto formó parte de la banda sueca Redmoon. Desde 2020, su camino solista tuvo una prolífica producción que incluye el doble álbum 17 Birds at the Summer's Gate y el posterior No Sweets for E., donde exploró con profundidad la música americana y la mitología cultural asociada a figuras como Elvis Presley.

 


Un single con doble identidad

“Bells of Silver” fue publicada en dos versiones —inglés y sueco—. La versión en inglés —que es la que reseñamos—, es una canción de rock-pop con matices folk, una dirección que será central en el próximo trabajo.

El track cuenta con la participación del baterista Andreas Quincy Dahlbäck, mientras que las armonías vocales evocan claramente el estilo de The Beach Boys, cortesía de David Myhr, quien además aporta capas de órgano Hammond que enriquecen el sonido.

Con The King and the Sparrow, Arn-Identified Flying Objects and Alien Friends promete consolidar su identidad híbrida, integrando elementos de folk sueco con estructuras de pop clásico y una inclinación experimental cada vez más marcada.

 

Una letra hecha con ternura y con advertencias

Líricamente, “Bells of Silver” opera en dos niveles. Por un lado, es un homenaje directo a los hijos y nietos del artista; por otro, es también una letra formativa, donde la voz poética intenta transmitir herramientas para atravesar un mundo ambiguo y, en ciertos aspectos, hostil.

 

La infancia como territorio fracturado

Uno de los aspectos más logrados de la letra es cómo construye la infancia no como un espacio idílico, sino como un territorio en tensión. La estrofa:

I believe I was set on
I had stars in my sky
There was no hell or heaven
And no one could die


plantea una percepción infantil del mundo donde las categorías morales y existenciales aún no están definidas. Sin embargo, esa aparente inocencia se quiebra abruptamente con imágenes de amenaza:

But someone wanted to hurt me
I held a knife to my spine

Aquí aparece una irrupción traumática que rompe el relato idealizado. Esta dinámica recuerda a ciertas narrativas literarias donde la niñez es el escenario de una revelación perturbadora, como en la obra de William Blake, particularmente en su tensión entre “Songs of Innocence” y “Songs of Experience”, en el que su análisis de la infancia como un estado de inocencia protegida en lugar de pecado original, pero no inmune al mundo caído y sus instituciones, pronto se convertiría en una seña de identidad del Romanticismo.

 


Desconfianza hacia las estructuras de autoridad

La canción introduce una crítica explícita hacia figuras tradicionalmente asociadas al saber y la guía:


Beware of the preachers
And their flattering speech
And their treacherous teachers
With nothing to teach

 

Este pasaje se inscribe en una tradición contracultural que cuestiona las instituciones —especialmente la religión organizada— como posibles espacios de manipulación más que de crecimiento.

No es casual que esta crítica aparezca envuelta en imágenes casi bíblicas (campanas, cielo, juicio), lo que refuerza la ambivalencia: lo espiritual no desaparece, pero se vuelve sospechoso.

 


El mandato creativo como una salvación

La idea principal de la canción está en el estribillo:


Don't you ever stop singing
Writing the book of your love


La creación —cantar, escribir— aparece como una forma de resistencia frente al caos o la decepción de la vida. No se trata solo de una actividad artística, sino de una práctica existencial, una manera de organizar la experiencia y dotarla de sentido.

 

Las flechas del dolor y del amor

The arrows of sorrow
are the arrows of love


En esta equivalencia sugiere que el afecto y el sufrimiento no son opuestos, sino dimensiones inseparables de la experiencia humana.



Las “campanas de plata”, entonces, no anuncian solo una celebración o consuelo: también advierten y son una guía. La metáfora de las campanas articula toda la pieza: símbolo de lo espiritual, pero también de juicio y destino. La canción propone una ética que tiene que ver con lo afectivo: amar, crear y seguir adelante, pero sin ingenuidad, plantea también que crecer implica aprender a convivir con la contradicción, como una parte de la experiencia de la vida.