Por Esteban Mauricio Soria
La banda de Orlando lanzó hace unas semanas su tercer álbum.
El singular nombre de la agrupación, Sentinel Events, tomado de la terminología
médica para referirse a eventos críticos o de “peor escenario posible”, ya nos
anticipa un poco el concepto en el que se mueve la banda.
Conformado por Garrett Janks (voz, guitarra, composición y
producción), Zac Raya (piano, sintetizadores, bajo y armonías), Doug Charles
(batería) y John Paul Foronda (teclados), el grupo profundiza en esta tercera
entrega una estética que ya había comenzado a delinearse en sus trabajos
previos, Poor Historian (2023) y Trendelenburg Dreams (2024) abordan
una sátira filosa sobre los sistemas de poder, en el caso del nuevo disco, Comorbidites,
es el aparato médico. La obra nos cuenta sobre la experiencia hospitalaria
desde el absurdo, el dolor y la ironía.
Un concepto clínico
convertido en una experiencia sonora
El término “comorbidities” —que refiere a la coexistencia de
múltiples condiciones médicas en un mismo paciente— es el centro metafórico y
estructural de la obra. El disco no sólo aborda la enfermedad desde lo físico,
sino también desde lo psicológico, lo institucional y lo existencial.
Desde el arranque con “Comorbidites, The Game!”, el álbum nos
muestra su cara: una suerte de parque de diversiones macabro donde el
sufrimiento es gamificado. Voces infantiles, risas impostadas y diálogos que
evocan médicos caricaturescos describen una escena de circo clínico, una
crítica directa a la lógica mercantilizada de la salud —“collect your fee / but
don’t over prescribe”.
El cuerpo aparece reducido a una serie de fallas técnicas: “sepsis”, “fluid overload”, “diabetic wound”. No hay sujeto, sólo síntomas. Michel Foucault analiza esta lógica en El nacimiento de la clínica: el pasaje hacia una medicina que “mira” al paciente como un objeto, fragmentándolo en signos clínicos. La canción exacerba esta idea al convertirla en juego de mesa, donde el diagnóstico es puntuación y el sufrimiento, entretenimiento.
Además, el uso de lenguaje médico genera un efecto de
alienación. La canción es como una pieza de teatro musical que, bajo su
apariencia, nos muestra un trasfondo inquietante. El oyente queda atrapado en
un loop donde la enfermedad pierde su dimensión humana y se convierte en
ruido burocrático. Como en el absurdo kafkiano, tenemos esa sensación de estar
atrapado en un sistema que opera con reglas incomprensibles y, a su vez,
inapelables.
Entre la angustia y la clarividencia
Si el primer track introductorio plantea el marco
conceptual, canciones como “Dinosaur Juice” lo encarnan desde lo musical. Con
guitarras densas y una atmósfera opresiva, el tema —que cuenta con la
colaboración de Morrison— se sumerge en la experiencia subjetiva de la
hospitalización. La interpretación vocal nos muestra desesperación y sarcasmo al
mismo tiempo.
En paralelo, “Bad Radiation” tiene con un riff áspero,
mientras que el bajo imprime una densidad tenebrosa y constante. La canción
coquetea con elementos chiptune, voces en off y un tono cínico que ensombrece
la dimensión satírica del álbum.
Humanidad en medio del
colapso: “Florence Nightingale”
Uno de los momentos más logrados del disco es “Florence
Nightingale”, junto a Louvenia, donde se retrata la relación entre paciente y
enfermera con un nivel de detalle casi cinematográfico, con un ritmo galopante
y atmosferas densas que nos recuerdan un poco al Anathema de los últimos años.
Si en la primera canción el sujeto estaba disuelto, aquí
reaparece, pero en estado de extrema fragilidad. La voz está atrapada en un
cuerpo que falla, en un tiempo fragmentado entre medicaciones, monitoreos y
delirios febriles. A través de imágenes cotidianas —la toma de signos vitales,
el goteo del suero, el sonido insistente de los monitores— se describe un clima
angustiante. Sin embargo, en medio de ese deterioro físico y mental: la
enfermera —Alyssa—, evocada como una suerte de aparición casi onírica (“dressed
in blue from head to toe / my Florence Nightingale”) funciona como una figura
de contención, cuida, habla con dulzura, estabiliza. Pero, también, es parte
del sistema que mantiene al paciente en ese estado de dependencia.
El tema logra un equilibrio notable entre ese la angustia y
la ternura, mostrando cómo incluso en los entornos más deshumanizados pueden
surgir vínculos cargados de significado. El quiebre final, con el diálogo
hablado, introduce un giro inquietante que vuelve a tensar la frontera entre
realidad y delirio.
Cuando el protagonista intenta mostrar su música —“It’s
called Sentinel Events”— hay un gesto metapoético: es un intento de recuperar su
identidad más allá del rol de paciente. Sin embargo, la reacción de la
enfermera (huir, evitar) nos muestra que esa subjetividad no tiene lugar dentro
del sistema. La percepción del paciente no coincide con la realidad de la
enfermera, que lo ve como un caso más.
Un álbum colaborativo
En términos musicales, el álbum mantiene su centro en el
art-rock y el rock alternativo, pero también hay pasajes electrónicos y
momentos experimentales que se incluyen con mucha naturalidad. Hubo un trabajo
de producción con un enfoque minucioso, cada elemento —desde una distorsión
sucia hasta un sample aparentemente trivial—sorprenden nuestros oídos con
distintos detalles que enriquecen la experiencia sonora.
Comorbidites también se destaca por su carácter
colaborativo. Participan artistas como Conflicting Motive, Foxes & Poems,
Elay VanBoer, Margo Maybach, Voidscan y Hesitant Waitress, entre otros.
Un proceso de producción que tuvo sesiones presenciales con
otras que se hicieron a distancia mediante intercambio de archivos.
Sátira y dolor: dos caras de
una estética
La sátira no es un mero recurso humorístico, sino un mecanismo
de defensa y una herramienta crítica. El dolor, por su parte, no está
romantizado, sino se expone casi de forma documental.
Si “Comorbidities, The Game!” mostraba el sistema desde
afuera, como estructura absurda y cruel. “Florence Nightingale” lo muestra
desde adentro, como una experiencia vivida, fragmentada y profundamente
ambigua. El álbum fluctúa en esa tensión entre la sátira y el drama: expone con
precisión quirúrgica la fragilidad del cuerpo y la complejidad de sobrevivir
dentro de un sistema que, en su intento de curar, puede también deshumanizar.
Sentinel Events entrega un disco que nos interpela. Comorbidites
es una obra que exige atención y quien esté dispuesto a adentrarse en su universo
será recompensado con una experiencia conceptual donde el dolor y la ironía conviven
en un equilibrio tan inquietante como revelador.




