REVISTA SOUNDLOOP | NUEVO LANZAMIENTO
Por Esteban Mauricio Soria
Hay composiciones para piano que buscan impresionar por su
virtuosismo, otras que privilegian la complejidad armónica y otras que
encuentran su identidad en el desarrollo de una idea sencilla. One Last
Dance pertenece a este último grupo. Su encanto no está en la exhibición
técnica sino en el dibujo de un arca emotiva sostenida durante 10 canciones,
donde sus cadencias, cálidas melodías y el manejo de los silencios nos llevan a
un profundo viaje interior. Nos invita a recorrer "el salón de baile de la
vida", entre la nostalgia y la alegría, la melancolía y la esperanza.
El lanzamiento es una continuación estilística iniciada en The
Piano Has Been Dreaming, que salió en abril de este año. Grabado utilizando
pianos con sordina (felt piano) y un piano de concierto, One Last Dance conserva
la intimidad característica de su antecesor.
La melodía como protagonista
Si hay un elemento que define la música de Magdi Aboul-Kheir
es su compromiso con la melodía. Formado como pianista clásico, el compositor
alemán forjó una trayectoria que atraviesa estilos tan diversos como la música
de cámara, el minimalismo, el ambient, la electrónica, el jazz e incluso la
música orquestal. Sin embargo, más allá de los géneros, existe un rasgo
constante en su música: la búsqueda de melodías que evocan y comunican
emociones.
En One Last Dance, las diez canciones comparten una
misma estética basada en frases cantábiles, armonías cálidas y desarrollos
pausados. En lugar de recurrir a grandes exhibiciones virtuosas, el disco nos
entrega sutileza, dinámicas graduadas y un uso muy interesante de la pausa.
Un recorrido musical sobre One
Last Dance
Ya desde la primera composición del álbum, From Depth to
Depth, apreciamos inmediatamente el clima general del álbum. La obra
desarrolla un motivo melódico sencillo que evoluciona mediante pequeñas
variaciones. Un estilo que también parece extenderse al resto del disco.
Vemos que predominan los grados conjuntos antes que grandes
saltos interválicos. Esto produce una sensación de naturalidad y cercanía. Cada
nueva aparición modifica pequeños elementos, como cambios de registro, ligeras
variaciones rítmicas, distinta armonización o una diferente intensidad dinámica.
Es un procedimiento muy cercano a la técnica de variación continúa utilizada mucho
por el romanticismo tardío, así como también por compositores actuales como Ludovico
Einaudi, Max Richter ó Ólafur Arnalds.
La escritura pianística aprovecha muy bien las posibilidades
resonantes del piano. La mano izquierda cumple principalmente una función
armónica y de sostén. En lugar de realizar grandes dibujos contrapuntísticos,
establece un pulso estable mediante acordes abiertos, arpegios amplios o bajos
largos que dan lugar a que se desarrolle la melodía. La mano derecha desarrolla
el discurso cantabile. Su fraseo nos recuerda constantemente a la escritura
vocal, como si cada frase pudiera ser cantada incluso sin letra.
Salvo algunas excepciones, la armonía nunca busca sorprendernos
mediante modulaciones espectaculares, sino que predomina el lenguaje tonal con
colores modales ocasionales. Las progresiones armónicas priorizan los acordes
con notas añadidas, inversiones suaves o enlaces mediante notas comunes, lo que
evita cualquier sensación de rigidez. En muchos momentos aparecen retardos y
suspensiones que retrasan la resolución del acorde, generando una tensión muy
delicada.
El ritmo permanece relativamente constante durante toda la
obra. La tensión nace principalmente del fraseo. La sensación es casi
improvisatoria, aunque la estructura de las canciones evidencia una composición
cuidadosamente planificada.
Las cadencias están cuidadosamente dosificadas. En lugar de
cerrar frases con cadencias auténticas contundentes, predominan finales
abiertos. También aparecen cadencias plagales o con una función semejante, aportándonos
casi siempre esa sensación contemplativa que predomina en el disco.
Para destacar, el desarrollo dinámico es uno de los mayores
logros del disco. Las notas agudas aparecen principalmente para intensificar
determinados momentos expresivos y ese desplazamiento hacia zonas más altas
coincide con los puntos de mayor apertura emocional.
Una carrera musical diversa
One Last Dance es parte de un período especialmente
prolífico del compositor. En los últimos años publicó trabajos tan variados
como Nubes Sonorae (Ambient Cloudscapes), dedicado al ambient; The
Mirror of Truth, centrado en composiciones minimalistas para múltiples
pianos; Slow Heat, una propuesta electroacústica sobre la pasión y la
intimidad; y The Garden of Make Believe, integrado por obras románticas
para orquesta.
De igual manera, el compositor alemán nos muestra que,
independientemente del formato o del género elegido, su principal herramienta
creativa sigue siendo escribir esas melodías y atmósferas notables que evocan
emociones profundas. One Last Dance es una puerta abierta para detenernos
y escuchar con atención algunos de los matices más delicados y emotivos que la
música para piano nos puede dar.

