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Todo lo que permanece después del tiempo: Tulegon y el delicado universo de "Rovine"

REVISTA SOUNDLOOP | NUEVA RESEÑA

El músico italiano reúne más de dos décadas de escritura y experiencias personales en una obra profunda.

Por Esteban Mauricio Soria


Grabado de manera completamente independiente en Milán, el disco atraviesa la infancia, la adolescencia y la adultez, convirtiendo los recuerdos en materia prima para una colección de canciones. La nostalgia, la ironía, el amor y la búsqueda de sentido aparecen como los grandes ejes de una obra que nos invita a detenernos y escucharla con atención.


Sobre Tulegon

Influenciado por artistas como Bob Dylan, Fabrizio De André, Sufjan Stevens, Paolo Conte y Baustelle, en Tulegon se desarrollan el folk de autor y el pop alternativo por igual.

"Rovine" fue grabado íntegramente en Milán sin el respaldo de una gran estructura discográfica, permitiéndole conservar un control absoluto sobre cada decisión artística. Quienes ya conocían "Pessoa", su anterior trabajo conceptual inspirado en el universo del poeta Fernando Pessoa y caracterizado por el uso de varios idiomas, encontrarán ahora una propuesta menos conceptual pero mucho más autobiográfica, donde la historia de vida ocupa el centro de la escena.

Las personas no somos una identidad fija, sino el conjunto de los lugares que habitamos, los vínculos que perdimos y los recuerdos que seguimos repasando una y otra vez. Las ruinas no representan únicamente aquello que desapareció; son los restos sobre los que todavía seguimos edificando quiénes somos.

Cada canción parece abrir una ventana distinta hacia los recuerdos, las pérdidas, los encuentros y las pequeñas escenas que terminan definiendo una vida.


Las ciudades también tienen memoria

Nacido en Puglia, con años de residencia en Roma, un breve paso por Estados Unidos y establecido en Milán desde 2010, Tulegon hace de cada ciudad un capítulo de su propia biografía. Ese recorrido geográfico también define parte del camino del álbum.

Canciones como "Monteverde", "Gennaio" o "Vampiri" recorren calles, barrios y estaciones como si fueran fotografías de distintos momentos. No son simples referencias urbanas: son escenarios donde el paso del tiempo deja marcas en las relaciones, los afectos y la identidad.

En "Monteverde", la ciudad se mezcla con la juventud, el deseo y la idea de haber quedado "anclado a las ruinas" de los veinte años. "Gennaio" utiliza el viaje, los aeropuertos y la pandemia como símbolos de la distancia, mientras que "Passanti" transforma un recorrido cotidiano por una ciudad cualquiera en una reflexión sobre la rutina y la posibilidad —siempre presente— de que las cosas hubieran ocurrido de otra manera.

En Rovine, cambiar de ciudad nunca significa empezar de cero: significa cargar con una nueva capa sobre la memoria.


Recuerdos que permanecen

Otra idea que atraviesa el álbum es la inestabilidad de los vínculos. No hay relaciones ideales ni finales cerrados; únicamente personas intentando sostener aquello que inevitablemente cambia.

"Vodka Tonic" retrata el deterioro de una relación que sobrevive entre reconciliaciones y discusiones repetidas, mientras que "Fotogrammi" observa el amor desde un lugar difícil, donde la ternura convive con el miedo a la pérdida.

Algo similar ocurre en "Prendersi cura", que plantea una pregunta sencilla pero devastadora: quién cuida de quién cuando ambos cargan con sus propias heridas. El cuidado no es un gesto heroico, sino un edificio cotidiano y frágil.


La familia y la identidad

Las canciones dedicadas a la familia constituyen algunos de los momentos más conmovedores del álbum.

En "Cuoio", Tulegon nos habla de la figura del padre a partir de sensaciones concretas: el mar, el olor del cuero, las primeras lecciones para aprender a nadar. Nos muestra cómo ciertos recuerdos sobreviven mucho más que las palabras.

Por su parte, "Ricci" observa la infancia desde la ausencia y la imaginación. La madre aparece como una presencia protectora cuya memoria sigue organizando el pasado incluso cuando ese pasado ya no puede recuperarse.

En ambos casos, la nostalgia nunca busca congelar el tiempo. Recordar también implica reinventarlo.


La memoria nunca es objetiva

Otro aspecto interesante de Rovine es que sus recuerdos nunca aparecen como hechos precisos. Tulegon parece desconfiar de la memoria y muestra cómo esta selecciona detalles aparentemente insignificantes para construir un paisaje o una parte de la vida.

Un perfume, una bebida, un barrio, una estación del año o una canción escuchada por casualidad adquieren un peso enorme. Es precisamente esa acumulación de pequeños objetos convierte al disco en una experiencia cercana al cine o a la literatura.

Canciones como "Granelli di sabbia", "La credenza" o "Lobi" son secuencias independientes, donde lo importante no es reconstruir exactamente qué ocurrió, sino comprender qué emociones permanecieron después.


Entre las ruinas todavía queda belleza

Las ruinas también conservan algo valioso: nos muestran que hubo una historia, un afecto y una vida.

Las canciones reconocen que el amor termina, que las personas cambian y que los lugares dejan de pertenecernos, pero también sostienen que todo eso continúa viviendo en quienes lo experimentaron. No somos aquello que logramos conservar, sino aquello que seguimos recordando.