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El riesgo de sentirse vivo: tras Infinity Fall III, Watch Me Die Inside estrena el video-letra de “Boring”



Tras el lanzamiento de Infinity Fall III, el estreno del video letra de Boring pone el foco en uno de sus fragmentos más inquietantes. La canción profundiza en una de las ideas centrales del pensamiento de Aleph: la disolución del sujeto. 


Por Esteban Mauricio Soria


Quien se adentre en el mundo musical de Watch me die inside se encontrará con riffs modernos, metal progresivo, atmósferas y texturas inmersivas con un trabajo de contrastes dinámicos, tan intenso como melódico y oscuro.

 

Un péndulo entre el dolor y el aburrimiento

“La vida oscila, como un péndulo, de atrás hacia adelante, entre el dolor y el aburrimiento”, escribió Schopenhauer en El mundo como voluntad y representación (1819).

Para el filósofo alemán, el deseo insatisfecho produce dolor; una vez satisfecho, lo que sigue es el aburrimiento. Detrás de este movimiento está lo que llamó la Voluntad: una fuerza que empuja a desear sin parar y que, apenas se cumple una meta, ya busca el próximo objeto de deseo.

Schopenhauer sostenía que el aburrimiento es tan insoportable para el ser humano, que prefiere el dolor o el conflicto antes que enfrentar el vacío. Por eso, decía, la felicidad nunca es un estado positivo, sino apenas la eliminación momentánea de una carencia. El péndulo es la representación de nuestra insatisfacción crónica: la vida es una cacería donde, al atrapar a la presa, nos damos cuenta de que no sabemos qué hacer con ella.



La rutina como una forma de encierro

En nuestra era, la de la hiperconectividad, filósofos como Byung-Chul Han señalaron que la tecnología elimina esa capacidad para detenernos, transformando el vacío existencial en una obligación constante de consumo y rendimiento. Esta sociedad tiene una aversión al silencio: ante el menor atisbo de pausa, las pantallas bloquean el encuentro con la propia conciencia.

Hay una tiranía constante del estímulo; la gratificación instantánea atomiza el tiempo en fragmentos rápidos, impidiendo la contemplación. El infinite scroll es el intento desesperado del ser humano moderno por huir de su propio vacío interior. Mientras el sujeto del siglo XXI cree ser libre al ocupar cada segundo con pantallas, en realidad obedece a un sistema que rechaza la improductividad. Desconectarse y permitir que la mente divague sería hoy un acto subversivo para recuperar el pensamiento propio frente al control algorítmico.

Aleph, el hombre detrás de Watch Me Die Inside, toma una idea parecida para “Boring”: el aburrimiento no es solo tedio, sino un estado que desgasta al sujeto y lo encierra en una rutina de la que cuesta salir. La tranquilidad es un espacio asfixiante ­—un estado de alienación— donde la repetición termina erosionando cualquier impulso de cambio.

De la calma a la búsqueda del riesgo

Boring describe ese péndulo como una existencia atrapada en la repetición. La voz poética habla de una calma tediosa que sofoca la mente. Mientras la vida pierde su intensidad, se vuelve gris e indiferente.

La letra de “Boring” arranca describiendo una calma tediosa que apaga la intensidad de vivir. A medida que avanza, aparece un impulso cada vez más fuerte de romper con lo previsible, incluso a costa de dejar la comodidad y enfrentar el caos.

Para Aleph, el sufrimiento ya no se percibe porque ha sido reemplazado por la costumbre. La canción de Watch Me Die Inside describe una existencia anestesiada, donde la rutina termina vaciando de sentido la experiencia humana. En ese aspecto, podemos tender un fuerte punto de contacto con el pensamiento del filósofo surcoreano, Byung-Chul Han, quien sostiene que la sociedad ya no oprime mediante la fuerza, sino a través de formas mucho más sutiles de comodidad, productividad y autoadaptación. En Boring, esa lógica aparece desde el comienzo: la prisión está construida con hábitos y la rutina, donde el cuerpo está atrapado en un ciclo del que resulta imposible escapar.


Salir de la monotonía implica recuperar el riesgo como una condición para sentirse verdaderamente vivo. Para Watch Me Die Inside, el mayor peligro no siempre es el dolor, sino la pérdida de aquello que nos hace sentir vivos. Aleph parece sostener que hay un tipo de riesgo que vale la pena asumir, porque es preferible al adormecimiento de una vida sin significado. No se trata de perseguir el caos por el caos mismo, sino de rechazar una vida donde la ausencia de conflicto ha terminado por eliminar también el asombro.

El cierre del tema lo plantea sin vueltas: la voz poética elige “bailar entre las llamas donde comienza el asombro”, una imagen que el artista lee como una forma de recuperar la libertad por fuera de la rutina.

El arte, una pausa dentro del péndulo

Para Schopenhauer, el arte —y en especial la música— era la única actividad capaz de frenar por un momento ese péndulo entre el dolor y el aburrimiento. Al escuchar una obra, el sujeto se olvida de sus deseos y pasa a ser, según el filósofo, un espectador puro. La pausa, sin embargo, siempre es pasajera: termina la música y el péndulo vuelve a moverse.

En este punto, Boring encarna, desde la música, esa breve suspensión. Durante sus minutos de duración, el oyente contempla precisamente —como si de un movimiento borgeano se tratase— aquello de lo que intenta escapar: el vacío y la rutina. La obra no elimina el conflicto, pero sí lo vuelve visible. Y en esa toma de conciencia aparece una posibilidad de transformación. Cuando la última nota se desvanece, el péndulo vuelve a moverse, pero el oyente ya no es exactamente el mismo. Ha sido testigo —un Witness, en el lenguaje del proyecto— de una autopsia sobre sus propias certezas. Y tal vez esa sea la verdadera pregunta que deja Boring: si el mayor peligro de nuestra época no es el dolor, sino la costumbre de vivir sin advertir que algo, hace tiempo, dejó de estar vivo.

 


Una respuesta distinta al mismo diagnóstico

Schopenhauer creía que escapar del aburrimiento solo lleva de vuelta al dolor, porque la Voluntad obliga al sujeto a desear otra vez. Aleph parte del mismo diagnóstico, pero llega a otra conclusión: “Boring” no busca eliminar el sufrimiento, sino distinguir entre el dolor que nace de buscar sentido y el vacío de una vida anestesiada por la costumbre. Para el proyecto, la verdadera prisión no es el dolor, sino la renuncia a vivir para evitarlo.


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