Por Esteban Mauricio Soria
Kevin Honold escribió “Honey” durante el invierno en
Seattle, es una canción de indie pop-rock con un fuerte énfasis en el groove. Mientras
entre sus influencias encontramos nombres como Bruce Springsteen, Adele, David
Bowie o Nathaniel Rateliff, Honold define su propuesta como Rhythmic Rock: en
palabras del artista, “combina ritmos infundidos de alma, narraciones
impulsadas por las emociones y un fuerte sentido de presencia”.
La letra despliega una sucesión de metáforas sensoriales
—miel, canela, caramelo, fuego suave— que convierten el deseo y la intimidad en
experiencia tangible. Fue escrita para su esposa y su estreno ayer coincidió
con su cumpleaños: no se trata solo de una canción de amor, sino de una
celebración del vínculo y del presente compartido.
“Honey” construye un núcleo poético donde el deseo,
la intimidad y el amor se expresan a través del gusto, el aroma y el calor.
Desde su primer verso, “Sweet like a summer day” no nos presenta una
imagen estacional, sino una declaración de las emociones. El verano aparece
como sinónimo de plenitud, ligereza y apertura afectiva.
Uno de los rasgos más distintivos de la lírica es su
insistencia en lo sensorial. La fragancia que “goes straight to my brain”,
la canela, el cayenne, el caramelo o el néctar es un lenguaje alternativo para
hablar del amor. El amor, en “Honey” se saborea, es una semántica del
gusto y el olfato, sentidos asociados a la memoria y al placer.
Cuando el narrador canta “Nothing else can beat the feel
/ Of tasting from the hive”, sugiere una experiencia amorosa auténtica, no
es un amor idealizado, sino uno que se toma de la fuente, con todo lo que eso
implica.
El texto también juega con oposiciones térmicas y
temporales. El verano y el invierno, el fuego y la sombra, lo cálido y lo
oscuro conviven y se resignifican en el mundo amoroso. “Even in the dark
it’s sunny”.
Otro elemento clave es la asociación entre amor y creatividad. Cuando Honold escribe “She’s got the taste to tame / The next word from my pen”, el vínculo afectivo se presenta como motor de expresión artística. La figura amada no solo inspira, sino que ordena, aquieta y canaliza: una fuerza que permite decir, escribir y avanzar.
El estribillo refuerza una sensación de gratitud y
presencia. “Show me that we’re living lucky” no habla de fortuna
material ni de destino, sino de conciencia: saber que se está viviendo algo
valioso mientras ocurre.
En conjunto, “Honey” propone una visión del amor como
experiencia sensorial total, donde el placer, la contención y la vitalidad se
entrelazan. Su lirismo es una poética luminosa, construida desde pequeños
gestos, sabores y temperaturas. Kevin Honold transforma lo cotidiano en símbolo
y lo dulce en lenguaje.

