Por Esteban Mauricio Soria
Corpse Sonata, Vol. II es la segunda parte de una
obra que el artista neerlandés, MODUL8, comenzó el año pasado. A diferencia del
Vol.1, este segundo volumen contiene más de 30 pistas que se extienden por más
de dos horas de duración. Pese a la cantidad de canciones, el álbum está pensado
como una obra unitaria, es decir, no es una compilación ni un mixtape. Aquí,
encontramos predominantemente cantantes femeninas —aunque aparecen algunas
voces masculinas como en Chapel of dead beats o Babbling Butcher—
con una producción integral que incluye hip hop, trap, phonk, dubstep, 808s
distorsionados y boom bap, y dentro de lo que el artista llama su propio género,
el “curbstep”.
Con dos décadas de exploración sonora a sus espaldas, MODUL8
traslada a este trabajo su doble perfil de músico e innovador en inteligencia
artificial. En sus “music labs”, el artista orquesta sistemas de IA para
generar sonidos y estructuras que luego integra en un proceso de colaboración
entre conciencia humana y aprendizaje automático. Generalmente, los artistas
que trabajan con inteligencia artificial llaman este proceso la “amplificación
humana aumentada”: es decir, la tecnología como un catalizador creativo y no
como un reemplazo del artista.
Corpse Sonata, Vol. II está atravesado por flows en
doble tiempo, secuencias de tripletes y densas acumulaciones consonánticas,
sostenidas por un control respiratorio poco habitual. Un recurso recurrente es
el diálogo entre una voz calmada y otra más exaltada que se yuxtaponen,
aportando variaciones y distintas tensiones dramáticas al disco.
Sonoramente, la producción sitúa al oyente en el interior de
una masa de bajos implosivos, con cajas que irrumpen en ráfagas y efectos de
desaceleración que distorsionan momentáneamente el pulso antes de devolverlo
con violencia al compás principal. Todo el álbum se mantiene en climas menores
y opresivos, reforzando la temática oscura del disco.
El concepto de horror en Corpse Sonata, Vol. II es en
realidad una metafóra que tematiza el acto creativo como un proceso de
disección, autopsia y reconstrucción. El disco convierte el estudio de
grabación en una morgue simbólica y los beats en cadáveres: objetos inertes que
el artista abre, examina y reanima.
En Morgue Mechanics, el estudio se transforma en una
morgue nocturna donde cada beat es procesado con precisión industrial,
reforzando la sensación de trabajo mecánico e implacable. Cadaver Curriculum
es una clase magistral macabra, con versos que convierten la disección sonora
en una pedagogía del ritmo. Por su parte, Chapel Of Dead Beats introduce
una dimensión ritualista, casi litúrgica, donde las bases se presentan como
entidades que se confiesan antes de ser sacrificadas. En contraste, Singing
In The Morgue invierte la premisa central del álbum: los “cadáveres”
comienzan a armonizar, generando un momento inquietante en el que la
musicalidad aparece desde el silencio.
La imaginería forense no apunta principalmente al terror
físico o gore, sino a una poética de la descomposición. Los “cadáveres”
representan varias capas simbólicas simultáneas:
· Beats muertos: formas musicales gastadas, clichés rítmicos y géneros saturados que el artista “mata” para poder analizarlos.
· Lenguaje diseccionado: el rap y la métrica son tratados como cuerpos anatómicos, desarmados en sílabas y consonantes.
· Identidad fragmentada: la voz dividida (calma/exaltada) sugiere una autopsia del yo, una exploración de distintos estados mentales.
La morgue es, en este sentido, un espacio de precisión
técnica, no de caos. El horror surge de la frialdad clínica: todo es medido,
cortado y reensamblado con intención quirúrgica. El acto de producir música se
equipara a procesar cuerpos. El cadáver es una metáfora de algo que ha perdido
su función original, pero contiene un potencial oculto. En términos estéticos:
· Un beat “muerto” puede revivir mediante manipulación extrema.
· Una estructura rítmica agotada puede convertirse en material experimental.
· Un género saturado puede ser reanimado a través de hibridación.
El álbum tematiza así una necroestética: crear a
partir de restos, ruinas y excesos culturales. El terror funciona como
andamiaje conceptual para investigar límites técnicos: velocidad, densidad
verbal, respiración, sincronización. El oyente es colocado en un espacio
claustrofóbico donde cada track parece una sala distinta del mismo edificio. Aquí
el horror adopta una dimensión casi filosófica. El disco pregunta
implícitamente:
· ¿Qué ocurre cuando llevás una forma artística hasta su punto de ruptura?
· ¿Qué queda después de desmontar completamente un lenguaje?
· ¿Puede algo nuevo nacer de esa destrucción?
En el fondo, el álbum trata sobre dominar sistemas
complejos. El horror es la experiencia de enfrentarse a una masa sonora
abrumadora y someterla a control. La morgue simboliza un lugar donde el caos es
organizado. Cada cadáver catalogado es una victoria sobre la entropía.
La colaboración humano-máquina que define la estética de
MODUL8 refuerza esta lectura: el artista se posiciona como cirujano de
algoritmos y sonidos. Los cadáveres pueden leerse también como productos de la
cultura digital, fragmentos de información que son recombinados para producir
nuevas formas de vida artística. En síntesis, Corpse Sonata, Vol. II
tematiza la creación a través de la destrucción. El horror funciona como una
lente para examinar la música desde adentro, exponiendo sus órganos —ritmo,
lenguaje, textura— y demostrando que incluso lo que parece muerto puede ser
reanimado bajo una nueva lógica estética.

